sábado, 15 de mayo de 2010

La introducción

La introducción es una parte fundamental en cualquier trabajo científico, pues es el elemento que nos permite iniciarlo de un modo organizado y gradual. Puede considerarse, en propiedad, como el capítulo inicial de la obra, y en tal sentido sus dimensiones son normalmente más largas que las de un prefacio, ya que abarca diferentes y a veces complejos temas.

En una introducción suelen apuntarse diversos contenidos generales que se hace necesario exponer para la mejor comprensión de lo que le sigue. Entre ellos, esquemáticamente, podemos mencionar los siguientes:

Antecedentes de la investigación que se ha realizado.

Punto de partida o enfoque con el que se abordan el problema.

Objetivos, generales y específicos, del trabajo realizado.

Conceptualizaciones básicas, importantes para situar mejor el subsiguiente desarrollo de ideas.

Problemas de método, especialmente aquellos que se refieren a las cuestiones básicas -generalmente epistemológicas- que influyen sobre la metodología y las técnicas que se han empleado.

Observaciones personales, informaciones sobre problemas particulares de esa investigación, etc.


Debemos apuntar que, a pesar de que en una introducción es legítimo incluir aspectos relativamente subjetivos, lo normal es que éstos sean tratados preferentemente en un prólogo. Pero sucede a veces, como decíamos, que un trabajo no posee prólogo, o que éste es escrito por una persona diferente al autor, de modo que éste no tiene entonces el espacio necesario para exponer algunas consideraciones subjetivas que considere de importancia. En tal caso la introducción puede adquirir, sin mayores problemas, un carácter hasta cierto punto mixto, de modo que en sus páginas aparezcan todos los aspectos hasta aquí mencionados. Es importante que, cuando así sucede, el discurso haga explícitas las diferencias entre uno y otro nivel, entre lo que es introducción científica a un problema determinado y lo que se refiere a la aproximación subjetiva del autor.

La misma estructura general del texto hará que en la introducción deban aparecen determinados temas, tratados con mayor o menor extensión. Así, por ejemplo, si estamos frente a una investigación de campo en la cual los instrumentos metodológicos usados son de suma importancia, es normal que se redacte un capítulo especial dedicado al método; pero si no es éste el caso, y los métodos y técnicas del estudio son relativamente conocidos, normales dentro de ese campo de trabajo, puede incluirse entonces una exposición breve al respecto en la misma introducción. Lo mismo ocurre con ciertos aspectos teóricos o históricos: si no es necesario hacer una exposición detallada de los mismos, puesto que son ya conocidos o aceptados por la comunidad científica, conviene aligerar entonces la exposición principal tratando tales temas en la introducción; si no es así, y en cambio ameritan un examen detallado, de cierta extensión, se hará necesario dedicar algunos capítulos específicos para el mejor desarrollo de un marco teórico, un marco histórico, o la discusión conceptual que se considere necesaria.

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